Iruya

Del infierno y del cielo

El infierno de Dios no necesita el esplendor del fuego. Cuando el Juicio Universal retumbe en las trompetas y la tierra publique sus entrañas y resurjan del polvo las naciones para acatar la Boca inapelable, los ojos no verán los nueve círculos de la montaña inversa; ni la pálida pradera de perennes asfodelos donde la sombra del arquero siguela sombra de la corza, eternamente; ni la loba de fuego que en el ínfimo piso de los infiernos musulmanes es anterior a Adán y a los castigos; ni violentos metales, ni siquiera la visible tiniebla de Juan Milton. No oprimirá un odiado laberinto de triple hierro y fuego doloroso las atónitas almas de los réprobos. 

Tampoco el fondo de los años guardaun remoto jardín. Dios no quiere para alegrar los méritos del justo, orbes de luz, concéntricas teorías de tronos, potestades, querubines, ni el espejo ilusorio de la músican¡ las profundidades de la rosa ni el esplendor aciago de uno solo de Sus tigres, ni la delicadeza de un ocaso amarillo en el desierto ni el antiguo, natal sabor del agua .En Su misericordia no hay jardines ni luz de una esperanza o de un recuerdo. 

En el cristal de un sueño he vislumbrado el Cielo y el Infierno prometidos: cuando el juicio retumbe en las trompetas últimas y el planeta milenario sea obliterado y bruscamente cesen ¡oh Tiempo! tus efímeras pirámides,los colores y líneas del pasadodefinirán en la tiniebla un rostrodurmiente, inmóvil, fiel, inalterable (tal vez el de la amada, quizá el tuyo) y la contemplación de ese inmediato rostro incesante, intacto, incorruptible, será para los réprobos, Infierno; para los elegidos, Paraíso.

Borges

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